Curso De AcompanAnte Terapeutico Mdp


 

curso de acompañante terapeutico en san francisco cordoba

 


 

 


 

Comenzó a dictarse el curso de extensión universitaria Acompañante Terapéutico, Promotor de Salud y Asistente de Personal Discapacitado”, con el respaldo de la Universidad Siglo 21, sede Gualeguaychú. El Acompañante Terapéutico (AT) resulta un agente de salud alternativo efectivo en los tratamientos de abordaje complejo, frente a la problemática que se plantea en el CURSOS DE ACOMPAÑANTE TERAPEUTICO área de la atención de personas con sufrimiento mental, situaciones de crisis vitales y otras que desborden el campo de los dispositivos de tratamientos convencionales, y el contexto de las estrategias interdisciplinares actuales.

 

Este curso, que las profesionales dictan desde el año 2000, ha sido declarado de interés educativo por el Consejo Provincial de Educación de Río Negro y cuenta con el aval del Centro Regional Universitario Bariloche. El objetivo de este curso es formar al Acompañante Terapéutico para interpretar consignas, realizar informes sobre su actividad y solucionar problemas habituales que se presenten en el ejercicio de su función.

 

La formación y especialización de profesionales de la salud provenientes de carreras no médicas (Enfermería, Kinesiología, Fonoaudiología, etcétera. Va a ser un curso teórico clínico, con acento en lo clínico y las personas pueden ser de extensa gama (salud, docencia público por norma general).

 

El acompañante terapéutico va a poder desempeñarse como co-participante con disciplinas como la psiquiatría, sicología, terapia ocupacional, asistencia social, desarrollando su tarea tanto en el domicilio de pacientes, como en instituciones públicas privadas como centros de salud, clínicas, residencias, hogares, geriátricos e institutos de rehabilitación.

 

Consideramos de suma importancia esta capacitación, trabajamos en el área de la salud, debemos saber adelantarnos y actuar ante cualquier situación de urgencia, en la que se deba esperar a que llegue el profesional, por ese motivo invitamos a todos los acompañantes terapéuticos a realizarla” señalaron.

 

El acompañamiento terapéutico supone la facilitación de la inclusión social de la gente que sufren un malestar psicológico, físico o relacional. Se transforma, entonces, en un servicio de acompañamiento sanitario y social.Los nuevos escenarios socioeconómicos y políticos en la Argentina, sumados a los cambios epidemiológicos de las últimas décadas, provocaron transformaciones en las condiciones de vida y en la cotidianeidad de la comunidad y uno de esos cambios en particular son los métodos de enfermar de la gente, sin que aún se hayan revertido adecuadamente las estrategias de respuesta en el sistema de salud para mitigarlos.No es que ya no hagan falta hospitales, ni medicamentos ni médicos, pero la de hoy prevalencia de males que están más vinculados con el accionar, tanto individual como popular, nos expone una urgente revisión de conceptos y operatorias que rigen las prácticas en los servicios de salud.Las enfermedades crónico-degenerativas, como también los incidentes traumáticos y de violencia de diferente índole, sumados a la mayor supervivencia de pacientes con grandes déficits psicofísicos, han aumentado los índices de discapacidad, dejando a miles de personas limitadas para afrontar sus actividades corrientes, tanto las relacionadas con la vida productiva como la popular.La discapacidad, según la ordenación en todo el mundo del desempeño, de la Discapacidad y de la Salud (OMS) es un término genérico que comprende deficiencias, restricciones de la actividad y limitaciones a la participación.La persona con restricciones físicas, sensoriales o mentales sufre la discapacidad no por los males en sí mismos, sino como producto de sus derivaciones, es decir, por la exclusión de oportunidades educativas, laborales y de los servicios públicos que estas últimas desarrollan y son esas condiciones de aislamiento las que el sistema todavía no consigue cambiar.En la Argentina, según el último Censo 2010, el 12.9% de la gente tiene alguna discapacidad, lo que supone bastante más de 5 miles de individuos, de las cuales el 11.7% son inferiores de 15 años y el 48.5% forma parte de 15 y 64 años, oséa, compromete a la gente más joven.Visto desde una perspectiva económica, el aumento de la discapacidad y de la expectativa de vida y la disminución de la tasa bruta de mortalidad causan un incremento en el índice de dependencia (proporción de población no económicamente activa con respecto a la población económicamente activa), lo que significa un aumento de la cantidad de personas pasivas cuyos provecho sociales tienen que ser provistos por la población activa. por lo tanto, esto justifica ampliamente las necesidades de reformulación de los servicios y las modalidades de atención con prácticas, diferenciadas, menos complejas, menos costosas y más oportunas.Por otro lado, la situación se complica todavía más si sumamos las cuestiones de salud-enfermedad asociadas con una cultura de hiperconsumo que originan, ajeno de las sustancias involucradas, ocasiones de compromiso sobreagregadas.En ese marco, el sistema sanitario en la Argentina, que sigue siendo fragmentado y orientado a la utilización desmedida de la alta complejidad y tecnología (entendida como aparatología) enfocada, ordena a un replanteo sobre la formación, el desarrollo y la potencialidad de los equipos de salud.Tanto el financiamiento como el aspecto formativo han conspirado con la esencia misma del arte de sanar, que es proteger (origen etimológico de la palabra medicina, cuyo concepto es: curar, aliviar, cuidar), figura que debe ser recuperada en todas las instancias y los principios de las nuevas costumbres de actuación.Lo “mental” y lo “no mental” del acompañamientoEl acompañamiento terapéutico constituye, para muchos, un gadget y para otros, una función y tiene su origen hace décadas en el campo de la salud psicológica, desde la publicación, en 1947, de un libro de la Dra. M. A. Sechehaye –una terapeuta suiza– que otorga cuenta de una de las primeras experiencias en este tipo de abordaje.Podríamos garantizar que, aun hoy, el acompañante terapéutico (AT) sigue íntimamente vinculado con dos cuestiones principales: por un lado, con el concepto psi del acompañamiento, y por otro lado, como la costumbre ubicada en relación con la medicina privada.Posicionados en una visión integral e integradora de la salud y a pesar, como dice Mías(2008), de los acuerdos que ya están respecto de la indivisibilidad de la salud del sujeto, en la costumbre aún resulta difícil la aplicabilidad de estos conceptos, más allá de que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales IV (DSM-IV) dije como anacrónica la distinción entre trastornos mentales y físicos, (American Psychiatric Association, 1995). Para revertir dichas situaciones, el AT necesita de un más grande afianzamiento como integrante del conjunto de salud, posicionarse como mediador que suma la cotidianeidad del tolerante y acerca las distancias que habitualmente existen entre la persona que padece y la institución responsable de la atención.Pero eso necesita una exclusiva visión de lo que implica institución, aceptando que el llevar a cabo además crea institucionalidad, reconociendo que los equipos de trabajo articulados, y no sólo el hospital o los centros de salud, son instituciones. pensar la institucionalidad nos obligaría a la cita de numerosos pensadores y académicos, pero tomamos el planteo de Castoriadis (1998) que afirma: “entiendo por institución normas, valores, lenguaje, utilidades, procedimientos y métodos de llevar a cabo frente a las cosas y de llevar a cabo las cosas…” y sigue: “aquello que mantiene unida a la sociedad es una institución.”De esa manera, el AT se irá instituyendo en el sistema de salud desde el propio ejercicio, pero sabiendo que se es acompañante sólo acompañando.En instantes en los que las instituciones no sólo sanitarias sino educativas, jurídicas y sociales, entre otras, han naturalizado funcionamientos expulsivos, el AT puede facilitar una comunicación más directa con la persona padeciente, la familia y el conjunto tratante, además de hacer más simple la territorialización de la atención. Territorializar no remite sólo a territorio área geográfica donde se debe intervenir, sino además, y primordialmente, a territorio área relacional. es decir, como expone Chiara (2011): “supone diferentes modos de apropiación del territorio, que se ponen también en juego en la creación de la composición sanitaria”.Dicha acción comporta la posibilidad de una apertura de las instituciones mencionadas a realidades y fluídas sociales complicadas, muchas veces desconocidas por el funcionamiento endogámico en que se cayó.Pero para reforzar dicho proceso, la formación y la actividad de los agentes tienen que escaparse de las viejas prácticas y los modelos ideológicos dogmáticos, evitando quedar atrapados en el mismo funcionamiento; ello supone un profundo enfrentamiento en todos los espacios formativos y de administración, que interpele además la voluntad de todo el equipo de salud para diluir probables resistencias.Visto desde una perspectiva integradora de la salud, el AT es entonces un trabajador sanitario, capacitado para proteger, calmar en distintas ocasiones y males, ya sean psíquicos, físicos, sociales o educativos, en forma de gadget preventivo. El acompañante, en estos términos, va a ser un nuevo integrante del conjunto de salud pública complementario, facilitador y promotor en la labor de reforma del modelo de atención. Un modelo de atención que, además, pone en compromiso al propio sistema por lo desgastado y poco efectivo.El AT supone, en ese marco, hacer más simple la incorporación popular de las personas que padecen un malestar psicológico, físico o relacional y suponer la salud sin un territorio especial. Se transforma, entonces, en un servicio de acompañamiento sanitario y social, pero de modo vivencial y no interpretativo, con potencialidad de promover capacidades remanentes y crear redes solidarias de contención para lo cual poner el cuerpo es su utilidad principal.


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